A mitad de camino






Este lugar pretende ser "una bocanada de aire fresco" para todo aquel que se acerque y participe. Un lugar de encuentro, donde se carguen las pilas con energía positiva.

Donde nos ayude a ver las cosas de otra manera, y por ende, nos haga disfrutar de la vida, nuestro mayor don.
Un sitio que te permita contactar con la naturaleza.

Trabajar los pensamientos, mejorar las emociones, disfrutar de sensaciones.... para conseguir ser feliz.

Ser positivo siempre pretende pues, dar "esa mano amiga" que en alguna ocasión todos necesitamos.







domingo, 27 de marzo de 2011

Cuento Sufi

Cuento para reflexionar
Las personas son lo que encuentran en si mismas. Encuentran siempre lo que esperan encontrar.




Jabo

viernes, 25 de marzo de 2011

Cuento Contigo








No necesitamos tanto de la ayuda de nuestros amigos como de la confianza en esa ayuda (Epicuro)

La confianza es necesaria en su justa medida, ni en exceso ni en defecto. En su justa medida nos conduce por la vida con la reconfortable sensación de saber que, en caso de necesidad, tendremos alguien en quien apoyarnos.


Jabo ( dedicado a Ángeles)
Foto: mono capuchino en Costa Rica. 2009. Parque nacional Cahuita.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Somos los responsables de nuestras Vidas




Hoy contamos con el Testimonio+++ de mi amiga gallega Ángeles, quien nos describe cómo cambió su vida a raiz de dos hechos trascendentales que le marcaron. Pero sobre todo, nos detalla cómo el cambio de actitud fué lo que tiró de ella hacia delante. Toda una lección para los que sepamos captar lo que expone.

Tuve una infancia feliz, sin problemas importantes con mis dos hermanas y unos buenos padres. Hice mis estudios, me enamoré y casé. Tuve un hijo. Todo marchaba con normalidad. En mi vida no había habido grandes sobresaltos y no tuve carencias importantes. Mi vida era normal y cómoda. Me había estancado en ese tipo de vida, y no me hacía peguntas, pensando que todo se reduce a nacer, crecer, vivir y algún día lejano, morir.

Pero la vida me tenía reservada muchas sorpresas y no precisamente agradables. Me reservaba muchos desafíos a los que me tuve que enfrentar con mucho sufrimiento, por no saber cómo manejar la situación. Hoy sigo enfrentándome pero con más serenidad, atravesando valles tenebrosos pero también reposando en verdes pastos, como dice mi salmo favorito.
Primero enfermó mi querida madre, que en dos meses nos dejó para siempre con 56 años. Era mi cómplice, mi amiga, mi confidente… creí que mi vida se iba con la suya. No podía entenderlo. Ni mi niño, con solo 2 añitos podía ser mi consuelo.

Dos años después, a mi marido se le detecta un cáncer. El dolor, la confusión, las preguntas a Dios no cesan, preguntas sin respuestas que me envenenan, que me rebelan… Ahí estaba yo de nuevo, luchando contra un imposible, sin entereza, con desesperación, como D. Quijote contra los molinos de viento y sin la ayuda de mi querida madre. El declive fue brutal, aguantando 4 años con entereza. Solo El supo reaccionar con elegancia…
“Solo me fastidia morirme sin poder ver crecer a nuestro hijo”, me comentó. Fue la única vez que se quejó, luchó con dignidad hasta el final, que precisamente fue el día de Navidad. Que gran lección me dio!!!

A raíz de todos estos acontecimientos, empecé a cuestionarme muchas cosas, a sacarlas a la luz, a no hacerles frente con rabia, a no combatirlas, asumirlas para que no me hagan tanto daño.

Estoy aprendiendo que “todo tiene un porqué”, que mi mente racional no puede entender porque me impide ver más allá de mis cinco sentidos.

Pero también se que somos más que todo eso, que existe nuestra parte espiritual, la que perdura, al que nos iguala a todos, la más importante, al que no juzga… y a las que menos importancia yo le había dado.

Durante un tiempo anidó en mí el victimismo. Y esta actitud si que es nefasta. Me sentía protegida, mis amistades y familia estaban siempre pendientes, me animaban, mimaban, compadecían, y yo me dejaba querer.
Al principio, es muy importante ese apoyo, mientras la marejada emocional no te permita pensar con claridad, porque todos necesitamos ese tiempo de duelo. Lo malo es cuando nos acomodamos.

No era consciente de que era yo, únicamente yo, la que tenía que enfrentarme a la situación, para salir airosa. Tenía que hacerme dueña del problema para poder dominarlo, tomar decisiones… y la primera fue el que debía pensar por mi misma.

Me decía a mi misma: “toma distancia, procura salir de este torbellino que te está llevando sin que tu te defiendas con valor”. Busqué ayuda, leí mucho y descubrí algo importantísimo: “SOMOS LOS RESPONSABLES DE NUESTRAS VIDAS”. No son las circunstancias las que me condicionan, sino mi actitud ante los acontecimientos!!!

Nada ni nadie tiene tanto poder como para someternos. Nosotros mismos tenemos la decisión, arrojo y valentía sucifiente para hacerle frente a las adversidades. Tenemos que empezar a sacar todo el escombro que nos oculta una gran verdad: que tenemos mucho poder.

Aprendí que no debo juzgar a nadie, aunque no siempre lo consiga, porque cada persona está librando su batalla particular y cada uno lo hace a su estilo, algunos con algo de luz, otros en profunda oscuridad.

Una vez leí que esta vida era similar a una escuela, unos están en cursos superiores, ya han aprendido muchas cosas, son buenos, generosos, ayudan a los demás, se superan y valoran lo que tienen y no se lamentan de lo que no tienen, disfrutan de la vida. Otros, en cambio, están en cursos inferiores, aún tiene mucho que aprender. No son buenos, son rencorosos, avariciosos, atentan contar la vida de los demás; pero en algún momento de su vida conseguirán superar todos los cursos y acabarán promocionando, conseguirán la luz para sus vidas. Por eso prefiero no juzgar y creo que algún día lo conseguiré.

La compasión y el perdón constituyen el amor. Lo que sentimos lo proyectamos, por eso es importantísimo querernos a nosotros mismos. Si no lo hacemos, jamás podremos ponernos en “la piel de los demás” y no podremos recibir ese amor que nos mantiene vivos.

Estoy “capeando otro temporal”, pero éste lo hago con serenidad, paciencia, amor y esperanza. Presiento que los anteriores temporales fueron el aprendizaje para que ahora pueda “llevar de nuevo al nido a un pichón herido”. Sin el aprendizaje anterior, me sería imposible.

“La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubiesen permanecido dormidos”. Horacio.

Ángeles
Hace pocos días Ángeles escribía: Lo que quería comunicar era, sobretodo, que debemos aprender antes de que surjan los problemas porque si no lo hacemos, en el momento que aparezcan, nos encontramos sin herramientas que nos permitan llevarlos sin tanto dolor y tanta desesperanza. Que no podemos "escurrir el bulto" arrojándolo a nuestra zona oscura, pensando que así estará allí oculto y no nos va a molestar, vamos, que tenemos que "coger al toro por los cuernos" y dejarnos de zarandajas.

domingo, 20 de marzo de 2011

Saca lo Positivo





¿Que ves de positivo en lo sucedido a Japón?, me preguntó ayer un buen amigo. No entiendo cómo puedes sacar o ver algo positivo de esa circunstancia, me dijo.


Medité un poco, para responderle que es innegable el dolor y sufrimiento de la segunda potencia económica mundial actual, afectada por 3 grandes desastres como el terremoto, el tsunami, y el alto riesgo nuclear. 20.000 damnificados entre muertos y desaparecidos. Ciudades enteras arrasadas, destrozadas con miles de personas literalmente “en la calle”, sin nada.



Graves problemas económicos, sociales y sanitarios. Esta vez, el país de los robots, de la tecnología, ha sido alcanzado de lleno por la desgracia, tanto le dije, que sus efectos se comparan ya a los producidos en la 2ª guerra mundial, tras las dos bombas atómicas “soltadas” allí.



Pero al contario que entonces, ahora todos los países, sin excepción, están unidos, coordinados, mandando ya ayuda de todo tipo al país del sol naciente. Una corriente de solidaridad ha recorrido el mundo y de forma positiva, todos están unidos para apoyar a los nipones.
El japonés es un pueblo sufridor, fuerte, duro, trabajador, que por sí mismos y con la ayuda internacional sabrá reponerse de este triple revés que la vida les ha puesto por delante.
Os habéis fijado que no manifiestan sus emociones (al menos como lo hacemos en occidente), no lloran… o casi no lo hacen.



Otro gran riesgo hoy es el nuclear. Long Island en Usa en 1979; Chernóbil en Ucrania en 1986 y ahora este, Fukushima en 2011, han sido los tres grandes desastres nucleares a nivel mundial, hasta la fecha.
Pero… es que hay que esperar a que explote un reactor nuclear para darnos cuenta del peligro al que estamos expuestos?



Esta vez tiene que servir para que a nivel mundial se haga una verdadera revolución social en la que predominen los valores humanos sobre los económicos; en la que se cambie el estado actual, el modelo de desarrollo energético de hoy en día, basado en la explotación sin límites de los recursos naturales, expoliando los países ricos a los llamados del tercer mundo; con una crisis de los países occidentales sin precedentes dado que vivíamos por encima de nuestras posibilidades y al final la burbuja económica estalló, sumiéndonos en como no podía ser de otra manera en la peor crisis social y económica, demostrando que este modelo no es el válido… por otro modelo basado en las energías renovables, la Eólica; la Solar; la Hidroeléctrica; la Geotérmica; la Mareomotriz; la Biomasa, no contaminantes, más acordes con la madre naturaleza.



Pero claro, esos recursos, el viento, el sol, el mar, los ríos, la tierra, fuentes de esas energías, están en poder de todos o casi todos los países, al contrario que la situación de dependencia actual hacia el uranio (fuente de la energía nuclear); o hacia el petróleo, carbón o gas, fuentes energéticas de las que “depende” el mundo actual.



La energía nuclear, simplemente “mata” si se producen escapes radiactivos. Y la contaminación no entiende de fronteras y se transmite a través de todas las cadenas tróficas.



Por eso es tan importante que Fukushima sirva para algo. Que los países se alcen y defiendan otro modelo de desarrollo energético, que en unos años, o décadas, cambie el sistema actual por otro más acorde con nuestras posibilidades de desarrollo, y teniendo en cuenta a quien cuando se enfada demuestra todo su poder, la madre tierra, causante del terremoto, tsunami, y ahora el grave riesgo nuclear.
El debate está ya en la mayoría de los países, en multitud de foros y es hora de que entre todos cambiemos esto.
Mi amigo se sorprendió, pero entendió que pese al desastre, Si se puede ver algo positivo en lo ocurrido allí tan lejos de España, y a la vez tan cerca.

Jabo
(Dedicado al pueblo japonés, esperando su pronta recuperación)
Foto: ayer en mi pueblo, Tudela, en un corral familiar
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viernes, 18 de marzo de 2011

Persigue tu Sueño

Es un video que me gusta mucho y merece la pena verlo y reflexionar sobre el mismo.
Se trata de un Kiwi, que como sabeis, es un pájaro que no puede volar.
Pero su sueño es ese... volar. Y persigue su sueño.




Jabo ( para los queremos hacer realidad los sueños)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Terence Moix y el Tabaco




Terence Moix y su Testimonio sobre su relación con el Tabaco:



Tomo este post, publicado por Alejandro y Nieta en dejardefumar, hace ya 2 años, con información recogida del periódico El País. Es un Testimonio realmente crudo y para mí, puede ayudar a dejar de fumar.



El escritor catalán Terenci Moix en la primavera del año 2000 relató con maestría sus vivencias, emociones y opiniones en su relación de amor y odio con el tabaco. Terenci Moix falleció tres años más tarde, en abril del 2003, a los 61 años. "Quiero vivir". Así se expresaba poco antes de abandonar la clínica Teknon de Barcelona para acabar sus días en su piso de la ciudad.





He estado a punto de morir con la gentil colaboración de Tabacalera Española. Puedo hacer esta afirmación con absoluta certeza, porque he sido fiel a los productos nacionales desde 1957. El consumo salvaje de las marcas Celtas y Ducados me permite afirmar que los asesinos hablan mi idioma. Tampoco hay duda respecto al color: es negro, negrísimo, color culpa. Cuando he residido en el extranjero han sido Gitanes y Gauloises, con la aportación decididamente cutre de los Nazionale cuando viví en Roma. Y todos en cantidades tan ingentes que justifican el título de este artículo, al estilo de «Yo fui una madre soltera» o «Yo fui un Frankenstein adolescente». O, siguiendo con el cine: «Me llamo Lillian Roth y soy una alcohólica». Así, pues, confesión pura y dura. (...)

Estamos hablando, naturalmente, de una compulsión, pero en lenguaje llano puedo llamarlo obsesión, delirio y hasta locura. Sólo con epítetos un tanto desorbitados puedo calificar a los alucinantes momentos en que intenté desengancharme. Y esto en una época en que el enfisema ya había convertido mi caso en cuestión de vida o muerte. Vértigos, estados de histeria, alucinaciones, agresividad, eran algunos peldaños que me hacían subir directamente a la desesperación. Tales reacciones me hacían ver que casi cuarenta años de tabaquismo habían hecho su efecto. No era una constatación demasiado útil. El reconocimiento de un fallo y su enmienda no siempre van juntos; sobre todo cuando la adicción es tan traidora como para aportar a cada causa su justificación; sus coartadas a menudo múltiples. La primera de ellas: «Si no dejo el tabaco es porque no quiero. Y, después de todo, siempre hay tiempo para hacerlo».

Pero el tiempo transcurre, las facultades menguan, la basura va invadiendo los pulmones, al final los devora y la dependencia crece hasta convertirse en una esclavitud. Lo más lógico es reconocer de una vez que me he convertido en una piltrafa, pero los Ducados pueden más. Pertenezco a la raza de fumadores que quieren dejarlo... sin quererlo dejar. Con mi enfisema debidamente diagnosticado continué consumiendo el veneno y reduciendo mi calidad de vida al mínimo, por no decir a la nada absoluta. Nunca faltaron excusas. ¿Cómo iba a escribir una sola página sin mis aliados, los cigarrillos? Pero los Ducados no me han convertido en Joyce. ¿Cómo hacer el amor sin aspirar, después, una calada, como hacían las heroínas de la nouvelle vague? Pero no se me presentó la oportunidad, porque gracias al tabaquismo entré directamente en la impotencia sexual, con el consiguiente deterioro de mis relaciones de pareja. Pero seguí prefiriendo los Ducados a un acto de amor; y al cabo los preferí a la posibilidad de caminar. Tanto es así que el pasado año, tuvo que llevarme un coche desde el hotel Ritz al Museo Thyssen, donde daba una conferencia. No podía cruzar el paseo del Prado, pero de mis tres paquetes de Ducados no me apeaba ni el dios Neptuno, testigo de aquel dislate.

En tales circunstancias, no podía recurrir a las frases estilo «¡Virgencita mía, qué cruz me has mandado»! ; y no podía hacerlo porque la cruz me la busqué yo, aunque no sin ayuda A los dieciséis años recurrí al cigarrillo como tantos otros : no para hacerme el macho – comprenderán que esto siempre me importó un pito – sino como forma de distinción social aprendida en la moda y, desde luego, en los dioses del cine; pero las tabacaleras todavía no me alertaban con esa astuta advertencia que adornaría las cajetillas muchos años después, cuando ya era demasiado tarde: «El tabaco perjudica seriamente la salud». Santo aviso, pero ambiguo. El tabaco entraría a formar parte de las múltiples cosas que pueden dañar la salud en mayor o menor grado, pero nunca, en anuncios o cajetillas, he leído que los cigarrillos crean adicción. Y es aquí donde los fumadores perjudicados estamos en el derecho de exigir responsabilidad y de acusar a las tabacaleras de criminales.

(...) Son más poderosos que cualquier droga, pues mientras me convertían en adicto, en obseso, en esclavo, me hacían creer que me estaban ayudando. Pero ¿a qué? Los problemas, cualesquiera que fuesen, seguían existiendo aunque los disfrazase tras una cortina de humo. Más aún: generaban un nuevo problema, que no era sino el reconocimiento de mi irresponsabilidad. Si no fumaba caía en la desesperación; si fumaba me desesperaba por ceder. Y a fe que intenté dejarlo por todos los medios aconsejados: libros de ayuda, acupuntura, ondas electromagnéticas, parches de nicotina, pastillas, boquillas... Sólo que faltaba lo más importante: la decisión verdadera, asumida, de querer dejarlo realmente. Los cojones que Tabacalera me había arrebatado.

Mientras, el enfisema seguía su curso. Y el tabaco también. Una pintoresca pulmonía doble vino a completar el cuadro. Y a mayor peligro, más tabaco.
Enlazo con el principio: he visto a la Muerte cara a cara. No era como la de Ingmar Bergman, negra, ni como la de Woody Allen, blanca. Era azul, como un paquete de Ducados, y cada vez que en la clínica me agujereaban venas y arterias para introducirme sueros o sondas, o yo qué coño sé, imaginaba que me estaban incrustando cigarrillos. Después de todo es lo que había estado haciendo yo mismo durante 40 años. En esta excursión a las fronteras del Más Allá descubrí el único final de la abominación, que no es otro que romper con ella a rajatabla. Con ayudas pertinentes, llámense parches, pastillas, comidas—nunca saboreada antes—, horas de sueño, lo que sea pero siempre como elección inevitable.

Hace ya tres meses de esta decisión, y la esclavitud al cigarrillo se me aparece como algo lejano, como un engaño destinado a anularme. Y lo que más me maravilla es la rapidez de esta recuperación, la ausencia de sufrimiento —temor tan importante para quienes quieren dejarlo— la fácil eliminación de la nicotina —otro de los temores más extendidos—y, sobre todo, la insólita sensación de serenidad derivada de una autoestima que se va acrecentando a medida que pasan los días. ¡Esas sobremesas sin cigarrillos, cuando siempre pensé que serían el momento más delicado! Y esos mil actos que no podía efectuar sin ir fumando y que ahora cumplo tranquilamente. Sin añoranzas, sin recuerdos. No digamos ya el percatarme de que, en esos noventa días, mi cuerpo ha dejado de consumir más de seis mil cigarrillos. También el lujo de permitir que los demás fumen a mi lado, sin inmutarme, porque entre las cosas que no pienso hacer es convertirme en flagelo de fumadores; o sea, dictador de la salud ajena.

Me siento muy orgulloso de mí mismo, pero al mismo tiempo me tengo por estúpido por no haberlo dejado antes. Y es que el deterioro ha sido inexorable. Por más que haga a partir de ahora seguiré viviendo con mis facultades considerablemente disminuidas. Ninguna reforma conseguirá devolverme el trozo de pulmón que me falta, por no hablar de deficiencias cardiovasculares, sexuales y algunas bendiciones más. Mi falta de voluntad me ha convertido en un medio hombre. Y todo gracias a Tabacalera Española, que me presentó a mis asesinos cuando tenía la tierna edad de dieciséis años y no estaba en condiciones de reconocer los variopintos disfraces de la Muerte.
TERENCI MOIX


Se aferró a la vida hasta el último instante, inmerso en su mundo personal y rodeado de sus amigos. Murió sin dolor. El escritor falleció a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio provocada por su afección "pulmonar obstructiva crónica". Sufría una fuerte adicción al tabaco y no dejó de fumar hasta apenas 30 días antes de su muerte, incluso cuando llevaba ya la bombona de oxígeno. Su enfermedad se complicó por una grave osteoporosis con rotura de una vértebra y debilitación general de todos los huesos, causada por la fuerte medicación que recibía.



Jabo ( para los que necesitan un empujón para dejar de fumar)

lunes, 14 de marzo de 2011

El color del atardecer







Al atardecer, el sol está muy bajo en el cielo, y muy lejano. Los rayos del sol tienen que pasar por más capas de aire para llegar a nuestros ojos. Este aire dispersa todos los colores de la luz del sol, excepto el rojo.
Solo los rayos rojos llegan directamente a la vista de las personas. Es por ello que vemos los atardeceres y anocheces de color rojo y anaranjados
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Así como en la atmósfera se crean filtros que dispersan los colores dejando pasar tan solo los rayos rojizos, las personas también podemos crear nuestros propios filtros, y dejar pasar tan solo los pensamientos positivos, filtrando los negativos.

Jabo
Fotos: atardeceres en Pamplona, San Sebastián y Getaria.