
Hoy contamos con el Testimonio+++ de mi amiga gallega Ángeles, quien nos describe cómo cambió su vida a raiz de dos hechos trascendentales que le marcaron. Pero sobre todo, nos detalla cómo el cambio de actitud fué lo que tiró de ella hacia delante. Toda una lección para los que sepamos captar lo que expone.
Tuve una infancia feliz, sin problemas importantes con mis dos hermanas y unos buenos padres. Hice mis estudios, me enamoré y casé. Tuve un hijo. Todo marchaba con normalidad. En mi vida no había habido grandes sobresaltos y no tuve carencias importantes. Mi vida era normal y cómoda. Me había estancado en ese tipo de vida, y no me hacía peguntas, pensando que todo se reduce a nacer, crecer, vivir y algún día lejano, morir.
Pero la vida me tenía reservada muchas sorpresas y no precisamente agradables. Me reservaba muchos desafíos a los que me tuve que enfrentar con mucho sufrimiento, por no saber cómo manejar la situación. Hoy sigo enfrentándome pero con más serenidad, atravesando valles tenebrosos pero también reposando en verdes pastos, como dice mi salmo favorito.
Primero enfermó mi querida madre, que en dos meses nos dejó para siempre con 56 años. Era mi cómplice, mi amiga, mi confidente… creí que mi vida se iba con la suya. No podía entenderlo. Ni mi niño, con solo 2 añitos podía ser mi consuelo.
Dos años después, a mi marido se le detecta un cáncer. El dolor, la confusión, las preguntas a Dios no cesan, preguntas sin respuestas que me envenenan, que me rebelan… Ahí estaba yo de nuevo, luchando contra un imposible, sin entereza, con desesperación, como D. Quijote contra los molinos de viento y sin la ayuda de mi querida madre. El declive fue brutal, aguantando 4 años con entereza. Solo El supo reaccionar con elegancia…
“Solo me fastidia morirme sin poder ver crecer a nuestro hijo”, me comentó. Fue la única vez que se quejó, luchó con dignidad hasta el final, que precisamente fue el día de Navidad. Que gran lección me dio!!!
A raíz de todos estos acontecimientos, empecé a cuestionarme muchas cosas, a sacarlas a la luz, a no hacerles frente con rabia, a no combatirlas, asumirlas para que no me hagan tanto daño.
Estoy aprendiendo que “todo tiene un porqué”, que mi mente racional no puede entender porque me impide ver más allá de mis cinco sentidos.
Pero también se que somos más que todo eso, que existe nuestra parte espiritual, la que perdura, al que nos iguala a todos, la más importante, al que no juzga… y a las que menos importancia yo le había dado.
Durante un tiempo anidó en mí el victimismo. Y esta actitud si que es nefasta. Me sentía protegida, mis amistades y familia estaban siempre pendientes, me animaban, mimaban, compadecían, y yo me dejaba querer.
Al principio, es muy importante ese apoyo, mientras la marejada emocional no te permita pensar con claridad, porque todos necesitamos ese tiempo de duelo. Lo malo es cuando nos acomodamos.
No era consciente de que era yo, únicamente yo, la que tenía que enfrentarme a la situación, para salir airosa. Tenía que hacerme dueña del problema para poder dominarlo, tomar decisiones… y la primera fue el que debía pensar por mi misma.
Me decía a mi misma: “toma distancia, procura salir de este torbellino que te está llevando sin que tu te defiendas con valor”. Busqué ayuda, leí mucho y descubrí algo importantísimo: “SOMOS LOS RESPONSABLES DE NUESTRAS VIDAS”. No son las circunstancias las que me condicionan, sino mi actitud ante los acontecimientos!!!
Nada ni nadie tiene tanto poder como para someternos. Nosotros mismos tenemos la decisión, arrojo y valentía sucifiente para hacerle frente a las adversidades. Tenemos que empezar a sacar todo el escombro que nos oculta una gran verdad: que tenemos mucho poder.
Aprendí que no debo juzgar a nadie, aunque no siempre lo consiga, porque cada persona está librando su batalla particular y cada uno lo hace a su estilo, algunos con algo de luz, otros en profunda oscuridad.
Una vez leí que esta vida era similar a una escuela, unos están en cursos superiores, ya han aprendido muchas cosas, son buenos, generosos, ayudan a los demás, se superan y valoran lo que tienen y no se lamentan de lo que no tienen, disfrutan de la vida. Otros, en cambio, están en cursos inferiores, aún tiene mucho que aprender. No son buenos, son rencorosos, avariciosos, atentan contar la vida de los demás; pero en algún momento de su vida conseguirán superar todos los cursos y acabarán promocionando, conseguirán la luz para sus vidas. Por eso prefiero no juzgar y creo que algún día lo conseguiré.
La compasión y el perdón constituyen el amor. Lo que sentimos lo proyectamos, por eso es importantísimo querernos a nosotros mismos. Si no lo hacemos, jamás podremos ponernos en “la piel de los demás” y no podremos recibir ese amor que nos mantiene vivos.
Estoy “capeando otro temporal”, pero éste lo hago con serenidad, paciencia, amor y esperanza. Presiento que los anteriores temporales fueron el aprendizaje para que ahora pueda “llevar de nuevo al nido a un pichón herido”. Sin el aprendizaje anterior, me sería imposible.
“La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubiesen permanecido dormidos”. Horacio.
Ángeles
Hace pocos días Ángeles escribía: Lo que quería comunicar era, sobretodo, que debemos aprender antes de que surjan los problemas porque si no lo hacemos, en el momento que aparezcan, nos encontramos sin herramientas que nos permitan llevarlos sin tanto dolor y tanta desesperanza. Que no podemos "escurrir el bulto" arrojándolo a nuestra zona oscura, pensando que así estará allí oculto y no nos va a molestar, vamos, que tenemos que "coger al toro por los cuernos" y dejarnos de zarandajas.